3/27/2014

Johanna:Capítulo 26

Dos pájaros de un tiro

Forcejée con ella en la nieve mientras la miraba con terror. Ella me gritaba y sacudía la cabeza para apartar los mechones de pelo que la entorpecían la vista. La locura y la desesperación se habían apoderado completamente de ella.
-¡Dejame matarte! ¡Dejame! ¡Dejame! ¡Quiero volver a casa!-Gritaba.
Seguí haciendo fuerza hasta que el cuchillo se deslizó, rozando mi brazo y rasgando mi ropa. Un hilo de sangre se formó en mi brazo y poco a poco comenzó a correr por él.
Busqué el hacha con los ojos cerrados mientras la chica del once volvía a arrodillarse ante mi para intentar clavármelo, esta vez en el estómago. Inconscientemente, la propiné una patada que la dio en la nariz, y por el ruido, no dudé en que se la había roto. Me arrastré hacía atrás, y busqué el hacha con la mirada. La encontré y fui hasta ella. Cuando me giré, volví a ver a Spike, demasiado cerca como para reaccionar. Me dio un puñetazo en la mandíbula y caí hacia atrás de nuevo. Rodé por el suelo, ignorando las partes de mi cuerpo que se estaban congelando por culpa de la nieve. Moví mis brazos con el hacha en las manos para evitar que la chica se acercase. No se movió. Me levanté bastante rápido y pase mis frías manos por mis labios, para limpiarme la sangre que manaban de ellos.
-¿Quieres relajarte de una maldita vez?-La espeté.-¡No voy a dejar que me mates! ¡No! ¡Yo también quiero volver!, ¿me entiendes?
Entonces se arrodilló en el suelo, y se abrazó a si misma llorando. La recordé el primer día, en el aerodeslizador, antes de que nos bajasen en la arena. Estaba justo en frente de mí, llorando. La miré detenidamente, y luego pasé la mirada a mis manos sujetando el hacha y probando su peso. Sonreí debilmente. Yo también quería volver a casa...
-¡Cuidado!
Era una voz de un chico. No tuve tiempo a reconocer de quién ya que instintibamente me tumbe en el suelo. Miré hacia atrás, solo viendo una sombra. Luego miré hacia la chica de nuevo, que aún arrodillada, acababa de lanzar su cuchillo. Volví a mirar hacia atrás y vi al chico del Distrito 12. Miré al frente, y sin pensarlo mucho solté el brazo hacia el estómago de la chica. No sonó el cañón, pero fui a donde estaba el chico, hiperventilando. Me hizo acordarme de la muerte de Cliff.
 El cuchillo se había clavado en el pecho, y seguramente había dañado sus pulmones. Le acaricié el pelo y recordé que fue el único que me había deseado suerte en mi entrenamiento. Ahora parecía más pequeño de lo que pensaba. Tendría unos quince, tal vez dieciséis...
-No debiste hacerlo...-Le dije sollozando.
-No... yo no iba a ganar...
Sonó el cañón de la chica cuando el seguía hablando.
-Lo siento...
Sonrío e intentó decir algo más, pero el cañón le calló, y sus palabras se quedaron en él para siempre.
-Lo siento...-Volví a repetir.

3/13/2014

LIBRO RECOMENDADO: EL CORREDOR DEL LABERINTO

Hola pequeños sinsajitos, ya sé que últimamente os tengo un poco abandonados pero ahora mismo tengo bastante lío de exámenes y no tengo tiempo de escribir.
 
                                                                            D:
Pero os aseguro de que pronto tendré un nuevo capítulo.

Hoy quería hablaros sobre una trilogía que hace unos días finalizé de leer y ME ENCANTO. Me gusto tanto que se ha convertido en una de mis favoritas. Tiene una trama distópica que te engancha desde el principio. Os dejo la sinopsis del primer libro abajo y de verdad, os la recomiendo.

El mismo autor admitió que uno de los libros que le había inspirado a escribirlo era, nada más y nada menos que Los Juegos del Hambre, aunque las historias son completamente diferentes.




SINOPSIS

«Bienvenido al Área. Verás que, una vez a la semana, siempre el mismo día y a la misma hora, nos llegan víveres. Una vez al mes, siempre el mismo día y a la misma hora, aparece un nuevo chico, como tú. Siempre un chico. Como ves, este lugar está cercado por muros de piedra… Has de saber que estos muros se abren por la mañana y se cierran por la noche, siempre a la hora exacta. Al otro lado se encuentra el laberinto. De noche, las puertas se cierran... y, si quieres sobrevivir, no debes estar allí para entonces».
Todo sigue un orden... y, sin embargo, al día siguiente suena una alarma. Significa que ha llegado alguien más. Para asombro de todos, es una chica.
Su llegada vendrá acompañada de un mensaje que cambiará las reglas del juego.

Cuando Thomas despierta, se encuentra en una especie de ascensor. No recuerda qué edad tiene, quién es ni cómo es su rostro. Sólo su nombre.



2/18/2014

Johanna:Capítulo 25

¿Gracias?


Me quedé helada. No precisamente por la fría ventisca cargada de nieve y fina lluvia congelada, si no por la terrorífica visión de aquel monstruo. Había visto los mutos del Capitolio anteriormente. La primera vez, poco después de que Cliff me encontrase desorientada al borde de morir a causa del hambre. Parecía ser que no había mucha atención en las pantallas por lo que enviaron unos mutos con un ligero parecido al de los lobos pero más grandes, para perseguirnos. Escapamos lanzandonos al agua torrencial del río. Los segundos mutos, aunque no recuerdo su aspecto, fueron las serpientes que me habían mordido y habían causado que se me pudriese media pierna, aunque ahora estaba mucho mejor. Pero aquel muto, era el doble de feo, el doble de grande, y el doble de aterrador.
Los gritos escalofríantes de la chica, la tributo del 11, atravesaban mis tímpanos como si fuesen cuchillos con las hojas afiladas.
La chica de tez oscura, se arrastraba como podía por la fría nieve intentando escapar de las garras -literalmente- del monstruo.
Aquella criatura, debía de medir dos metros y medio, era oscura, y cada vez que se movía se escuchaba algo parecido al metal, como cuando mi padre afilaba las hojas de las hachas. Sus ojos, tenía cuatro, era verdes brillantes. Tenía también cuatro brazos acabados en garras afiladas que de vez en cuando se hundían en la piel de la chica y esta emitía un grito de dolor.
Decidí quedarme quieta, agachada, invisible para el monstuo y para la chica hasta que todo terminase. Pero las cosas no salieron así. El muto se percató de mi existencia, hizo un giro rodando su cuerpo, de forma que avanzó lo suficiente para que dos garras se encargasen de la chica del Distrito 11, y dos de mi.
No reaccioné hasta que la primera garra se clavo en mi muslo. Grité. La garra se movía en mi pierna atravesando venas y arterias, haiendo que la sangre brotase de ella y dejando una herida. El dolor recorrió mi cuerpo, y por instinto, partí el brazo de la garra con el hacha una vez que el monstruo la saco. Pateé y rodé por el suelo para esquivar la otra garra. La nieve se metió entre mis ropas y se derritió. Hice movimientos increíbes para que la afilada garra no se me clavase en la cara o en una zona vital para vivir y avancé hasta quedar cerca del muto para darle el golpe final que acabaría con el. Una vez el horrible muto cayo al suelo por haber acabado con el, vi a la chica malherida y con la ropa hecha jirones. Estaba de pie, exhausta, con las rodillas flexionadas y las manos sobre ellas. Escupió al suelo y luego me miro. Extendió una mano hacia un bolsillo y sacó algo afilado. Volvió a la posición de antes para respirar más relajadamente y yo la contemplé. Algo en mi interior sabía lo que iba a ocurrir, y supe que tenía toda la razón cuando la chica empezó a correr hacía mi con el cuchillo en mano. Dio un salto y ambas caímos a la nieve. Hacía fuerza para clavarme el cuchillo en el corazón, y era más fuerte de lo que creía.

2/09/2014

Johanna:Capítulo 24

Monstruo

Las nubes blancas, con un ligero tono grisáceo, ocultaron el cielo negro estrellado que cubría la arena, dejando a cada uno de los tributos sin nada de luz de luna para poder ver en la noche. Degraciadamente, en la mochila de Dorothy no había linternas, y tampoco contenía cerillas para prender una antorcha. Miré al cielo un par de veces más y algó empezó a caer de el. No era lluvia, era más frío que la lluvia. Finos cristales de hielo caían del cielo a un ritmo constante, despacio, y cada vez que chocaban contra mi cuerpo o el suelo se derretían. Era nieve. En el Distrito 7 nevava en invierno y a veces la gente podía quedarse en casa por el riesgo que el hielo ocultaba. Trabajar en los bosques con un grueso manto de nieve que protegía al hielo, era algo peligroso que podía costarte una lesión, incluso la muerte. Yo sabía que los vigilantes no lo iban a poner fácil. Alternaban las precipitaciones como les daba la gana, y apostaría a que la mayoría de los tributos no sabía nada sobre las tormentas de nieve. Quizá los del doce, los del diez, los del ocho si siguiesen vivos... los demás serían unos completos ignorantes respecto a este tema.
La nieve caía con más fuerza, y lo único que tenía era; Mi ropa, un hacha, una daga, barritas energéticas, una cantimplora con agua, y una especie de reloj de arena pero que tenía un tapón en el que se podía sacar la arena. No lo entendí.
Mi propósito para aquella noche era no dormir, no estar quieta, pues si no te mueves tu cuerpo se congela y puede causarte la muerte. Las caras de los tributos caídos aparecieron en el cielo tra el himno de Panem. Noté como me rasgaban el corazón a tiras cuando Cliff apareció en él. No volvería a estar aquí, no volvería a sentir su cálida mano en mi mejilla, jamás. Por extraño que pareciese, no lloré. Me quedé mirando al cielo todo lo seria que pude estar, me llevé los tres dedos centrales de la mano a la boca y luego los elevé al cielo. Era un gesto de despedida. Ahora estaría en un sitio mejor que en el que estaba yo metida. Pensé en el Capitolio, en Snow. Un ataque de ira se apoderó de mi y sentí la necesidad de gritar, de acabar con todo lo que pudiese. De dañar a todo lo que se moviese. Pero no lo permití. Si acababa con todos ellos les daría el gusto de divertirse a aquella gente, por otro lado no me quedaba otra. Dos impulsos contrarios batallaron en mi interior. ¿Que podía hacer en contra de todo eso? Solo tenía diecisiete años...
Un grito desgarrador de una chica me distrajo de mis pensamientos. Solo de oírlo te helaba la sangre. Ella, estaba cerca. Fuese lo que fuese podría acercarse a mi tras acabar con ella. Empuñe la daga y el hacha, me colgé la mochila y me preparé para atacar. Esperé un rato. La chica seguía gritando, cada vez más cerca, pero no veía nada. Entonces comenzó el viento, y los rayos que dejaban ver siluetas en la oscura noche, y la vi. Huyendo de algo. Algo espantoso...

1/30/2014

Johanna: Capítulo 23

Comienza la matanza.

No me separé del cuerpo rígido e inerte de mi aliado, derrotado por la muerte, hasta que escuché al aerodeslizador. Se lo llevarían, y podría descansar.
-Ahora estarás mejor...-Dijé entre sollozos y con un gran peso en el pecho que oprimía mi garganta y hacía que al tomar aire hiciese ruiditos extraños. Luego le besé la frente y cerré sus ojos. Abrí la mano en la que aún agarraba fuertemente la daga, quitándosela y poniéndola en mi cinturón. Di pasos hacia atrás, comenzando a bajar la colina sin dejar de fijar la vista en Cliff. Mi amigo. Empuñé con toda la fuerza posible el hacha. Ahora, estaba sola. No tenía compañía, y solo había dos salidas: Una muerte horrible y con sufrimiento, o seguir viviendo pese al mucho esfuerzo que debería de hacer y los daños que debería de pasar. La muerte ya no era mi opción. Iba a aferrarme a la vida todo lo que pudiese. Iba a volver a casa, a abrazar a mi hermano y a decirle a mis padres que les quería. El juego no había acabado aún.
Divisé el aerodeslizador a través de la fina lluvia que caía con fuerza, y hacía que el pelo y la ropa se pegase a mi cuerpo. Un viento frío hizo que volviese la vista ladera abajo. Esbocé una sonrisa malévola. "Diez tributos, por poco tiempo..." -Pensé.
Corrí por el suelo inclinado, lleno de la hierba húmeda, siendo lo mas calculadora y hábil posible para no caer rodando.
La alcanzé en menos de quince minutos, con las manos apoyadas en sus rodillas, algo flexionadas. Eso hizo que mi sonrisa se ampliase aún más. Estaba cansada, y eso era un punto a mi favor. Sujeté con mas fuerza el hacha, y on mi mano libre cojí el puñal de Cliff.
-¡Vas a pagar por lo que has hecho!
Dorrothy me miro con los ojos inyectados en sange y empezó a buscar su arco en el suelo. Tan solo le quedaban un par de flechas más en el carcaj. Busco la ranura, temblorosa. Avancé hasta ella y la di una patada en el pecho, haciendo que cayese hacía atras y rodase un poco. Ya no tenía su arco.
-No, por favor...
-Deberías habértelo pensado antes de matar a mi aliado...
Se dio la vuelta y gateó intentando huir de mi. La agarré del pelo con fuerza, deshaciendo un poco el peinado que sus estilistas la habían hecho la mañana del primer día de los Juegos. Arqueó la espalda hacia abajo, chillando y pidiendo auxilio mientras se agarraba a la hierba y la arrancaba. Nadie sería tan estúpido de ayudarla. Alzé el hacha y di el golpe final. Sus chillidos se ahogaron, y fueron sustituidos por un cañón. Su cuerpo quedó inmóvil en el suelo y la lluvia caía sobre el. La robé una pequeña mochila que tenía y me fui. Al principio, lo único que sentí fue euforia y cólera, luego todos los sentimientos hicieron hundirme un poco, pero de todas formas sonreía. Nueve tributos. Estaba cerca de casa.



1/18/2014

Johanna: Capítulo 22

Hola sinsajitos, quiero pedir disculpas por no haber escrito durante este tiempo, pero es que tenía bastantes cosas que hacer y no he podido escribir, pero bueno, aquí tenéis el nuevo capítulo. Espero que disfrutéis de el.

Venganza

Caminamos en silencio desde la salida del sol hasta que el Sol empezaba a ocultarse hacia nuestra derecha por las montañas. No tenía pensamientos muy claros sobre que ibámos a hacer. Creo que Cliff tampoco, o que prefería no pensar en ellos. Mi suposición era, caminar todo lo que pudiésemos intentando no pensar en donde nos encontrabamos, no localizar ningún tributo, no perder de vista el río, no moorirnos de hambre y huir de los obstáculos que nos proporcionaban los vigilantes.
De todas formas, aún quedábamos once personas en la siniestra arena. Podíamos morir en cualquier momento.
-Apuesto a que moriré por congelación.
Intenté bromear y romper el silencio que hacía hundirnos en un oceáno profundo de retorcidos pensamientos acerca de la muerte. Oí una risa leve.
-Sí, creo que los vigilantes se han cansado de que este todo tan quieto. Y la lluvia no ayuda a ver muy bien. ¿Quién crees que serán los siguientes?
Suspiré riéndome. Debía de estar volviéndome loca, pero la idea de apostar por la siguiente muerte me hacía gracia, así que, no dude en decírselo.
-Me atrevería a decir que la chica del once. O quizá el chico del doce. Esos distritos no suelen llegar tan lejos, aunque si pudiese elegir, algún profesional quizá...
No podía creer lo que acababa de decir. Había apostado por la muerte de gente inocente. Es cierto que a los profesionales no les tenía un gran aprecio pero...
-Yo también me estoy volviendo loco, no te preocupes.
Asentí preocupada, apartándome el pelo junto al agua de lluvia y el sudor de la frente. Estaba cansada, pero no me permitía parar. Notar la falta de aire en los pulmones, oír el sonido de mi estómago, el dolor en mis piernas, hacía sentirme viva. Aún no estaba muerta.
El impacto del brazo de mi aliado en mi pecho hizo que sacudiese la cabeza y que retrocediese unos cuantos pasos.
-Hay un tributo. Allí. Creo que el color de su abrigo es morado...
Se agacho levemente.
-Es la chica del Distrito 6. Su nombre es... Dorothy.
-Acabemos con ella. ¿Te supone algún problema?
-No, a mi no... -Se me quebró la voz.
Sentí una punzada en el corazón, no por ella, por Wood. Había intentado llevarse bien con ella y su compañero tributo.
Todo paso muy rápido después de que Cliff se levantase sigilosamente con una daga en la mano. Corrió hacía Dorothy, con la suerte de su parte, ya que ella estaba de espaldas a nosotros. Algo salió mal. Ella se dio cuenta de que no estaba sola, y dándose la vuelta repentinamente, cojió una flecha de su carcaj, la puso en la ranura del arco tensado y la solto. La flecha se clavó en el estómago de Cliff y este callo de rodillas al suelo, rodeando la flecha con sus manos.
La sangre se me paró, el corazón me dio un vuelco, la lluvia golpeó más fuerte mi cuerpo.
-¡No!-Un grito desgarrador salió de mi garganta. Vi con los ojos llenos de lágrimas como Dorothy me apuntaba con sus flechas desde la distancia. No la dejaría matarme. Me levante con toda la fuerza que pude para enfrentarme con ella, con el hacha en mano. Disparó su flecha, pero la distancia era demasiado grande, y antes de arrodillarme junto al cuerpo inmóvil de Cliff, ella empezó a correr ladera abajo.
-No te vayas, por favor...
Sonrío debilmente, y eso me hizo sentir peor.
-No me gusta este lugar Mason... Y quiero volver a ver a mi hermana...-Hablaba entrecortadamente y me hundía sus dedos en mi mano fuertemente.- Sé que puedes hacerlo... Si... -Y así dejo que todo el aire se esfumase de sus pulmones, que su pulso se detuviese, y que el cañón que anunciaba su muerte sonase. Un impulso hizo que me avalanzase sobre el y le abrazara.
-Te voy a vengar... De verdad lo haré.
Miré con los ojos llenos de lágrimas hacia donde había huído Dorothy. No la iba a dejar escapar.

12/24/2013

Johanna: Capítulo 21

 

Cariño especial.

Convencer a Cliff sobre que mi pierna ya estaba mejor me llevó más de lo pensado. Al parecer, nos habíamos cogido cariño, aunque para ser sinceros, yo no me di cuenta hasta que me lo dijo.
"Llevabámos ocho largos y torturosos días en la arena. Me desperté justo cuando el Sol empezaba a ser visible entre las montañas, a pesar de toda la niebla que nos rodeaba. Lo primero que hice fue mirar mi pierna. Sentía ese miedo, de que al comprobar como estaba, saber que todo iba mal. Que nada había hecho efecto, y que iba a morir en pocas horas. Pero no. Era... un milagro. Estaba en perfectas condiciones. Tal vez el cambio de tonalidad -algo más roja de lo normal- traicionaba, pero, ¡Qué más daba el color! Estaba en unos Juegos del Hambre, hacía unas horas podías apostar al cien por cien que iba a morir, y ahora... podría decir que podía hacer una carrera de corta distancia sin problemas.
Me abalancé sobre un Cliff profundamente dormido.
-Eh, grandullón, despierta.
Me apartó de un manotazo y me hizo rodar unos cuantos metros. Recordé que Paul también me hacía eso y comencé a llorar. Cliff se dio cuenta, y se diculpó conmigo, pensando que lloraba por su negativa reacción. Tras tranquilizarme, no tuve más opciones que decirle que el no tenía la culpa.
-Lo siento... De verdad. No lloraba por eso, créeme.
-¿Segura? No quiero que me mientas. Somos amigos.
Ver a ese chico, medio metro más alto que yo, hablarme tiernamente... Creo que era la primera vez que le oía hablar de esa forma. Me quedé mirándole, y sé, que se sintió algo incómodo, ya que aparto la vista diciendo: "Da igual"
-En realidad, lloraba `porque... -Suspiré y empezé a morderme las uñas- Mi hermano me hacía eso cuando nos levantabámos para trabajar. Me recordo a casa...
Se dibujó la sombra de una sonrisa en su rostro.
-Tu también me recuerdas a mi hermana pequeña. De hecho, con el pelo más corto y la piel más broncínea podrías ser su hermana gemela.
-Sí, idénticas... -Nos quedamos en un silencio poco acogedor- ¿Te está esperando en casa?
-No... ella, bueno. Simplemente, ella ya no está.
-Lo siento...-No supe que decir. En realidad, no quería decir nada, pero las palabras se escaparon de mis labios. -¿Los Juegos?-Pregunté. No era la primera vez que de una familia, varios hermanos fueran cosechados para los Juegos del Hambre.
-En el mar...-Sacudió la cabeza y se volvió a tumbar.
Le miré de reojo y suspiré.
-No te permito eso. Debemos irnos.
-Tu pierna...
-Esta bien...-Se la mostré.
Aún así, me llevo apróximadamente dos horas más convencerle. Antes de abandonar la cueva, me dijo:
-Te tengo un cariño especial, ¿Sabes?
Sonreí sin saber que decir, y emprendimos nuestro camino."




Aquí tenéis el Capítulo 21 tributos. Espero que paséis unas felices fiestas. ^^